viernes, 28 de agosto de 2015

Citizen Kane


Miguel Torres, CubaDebate

El Ciudadano Kane es una obra cinematográfica excepcional. Una muestra de arte que cambió el modo de ver el cine. Salió a las salas de cine en 1941, fue un rotundo fracaso en los Estados Unidos, pero al llegar a Europa, los críticos y cineastas comenzaron a valorarla. Su suerte cambió cuando se vuelve a exhibir en 1956, cuando ya tenía, por referencias, un público ávido de verla en los Estados Unidos y en el mundo, se iniciaba así la leyenda de Citizen Kane.

¿Quién es el Ciudadano Kane? Es un personaje de la vida real de Norteamérica: William Randolph Hearst, una encarnación del poder de la prensa, un precursor con sus ideas de derecha y su visión abarcadora de la sociedad, de lo que sería hoy día el dominio del capital financiero y su aliado, el poder mediático.

Hearst encarnó las corrientes de dominio de la derecha en el pensamiento y en la sociedad. Por eso, entre otras cosas, es actual esta obra cinematográfica que es sin disimulo una biografía de este personaje.

Hoy, a raíz de los acontecimientos entre Estados Unidos y Cuba, los académicos en nuestro país y en el vecino, revisan las relaciones históricas entre ambos países, y tienen que abordar necesariamente la guerra del 95 que tenían ganada los mambises frente a un decadente imperio colonial español, es el momento en que se produce la intervención norteamericana en esta guerra y se dice que fue la primera guerra imperial de Estados Unidos. En esta contienda la prensa jugó un gran papel.

Lo que hoy llamaríamos una campaña mediática, la organizó el señor Hearst con el objetivo de convencer a Norteamérica de que debía entrar en esta guerra. Se cuenta anecdóticamente que Hearst situó un corresponsal en La Habana que se quejaba de la falta de noticias. Es célebre la frase de Herst cuando dice: “Yo pongo la guerra, usted ponga las noticias”.

Aquí dejo el análisis de estas ideas sobre la historia, existe un precedente entre nosotros, el formidable libro de Emilio Roig de Leuchsenring: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos.

La productora RKO buscaba desconocidos talentos para que, con los presupuestos limitados de esta compañía segundona, intentaran nuevos proyectos. Así contrataron a un joven desconocido de 25 años llamado George Orson Welles para que probara suerte.

Pero este joven de talento precoz era un escolar que interpretaba a Shakespeare en escenarios colegiales, que incursionaba en la poesía, la pintura, tocaba el piano, y llegó a encantar a las grandes compañías mediáticas con sus dramatizados radiales. Era bien lógico que quisieran aprovechar este talento desbordante en el cine.

Welles no precisaba de publicidad, pero se atribuía el mérito de sus películas, desdeñaba el apoyo de sus colaboradores, aunque todos sabemos que es imposible realizar tamaña obra sin un equipo de técnicos y actores de gran trayectoria. Tampoco Hollywood le dejó hacer a su antojo, las brillantes ideas de Welles tenían detrás una extraordinaria puesta en escena, iluminación montaje, dirección de diálogos, en fin una verdadera industria técnica.

Un fehaciente ejemplo de esto es la participación del fotógrafo Gregg Toland, quien había hecho filmes clásicos como Las uvas de la ira, El largo camino a casa y Cumbres borrascosas. El espléndido guión, lleva también el talento de Hermann J. Mankiewicz. La música es obra del gran compositor de Hollywood: Bernard Herrmann. El montaje de Robert Wise, los decorados de Van Nest Polglase y el admirable maquillaje de Maurice Seiderman queines formaron piezas indispensables en la obra. Tampoco podemos ignorar que es la puesta en escena de una gran originalidad, lo que verdaderamente la hace grande e incomparable esta cinta.

El lenguaje fotográfico de la película es novedoso. El uso tan esmerado de las luces y las sombras recuerda el cine expresionista. La cámara se mueve en una grúa constantemente, es decir, parte de un objeto en el suelo y se eleva buscando nuevos puntos de vista. También Welles convenció a su equipo para abrir huecos en el estudio y situar la cámara en busca de ángulos más interesantes. El montaje es todo a base de Flash Back, fue Welles quien introdujo esta forma de contar.

El sonido, elemento donde Welles se encontraba más a gusto, por su experiencia en la radio, aporta un dominio de los planos sonoros comunes en la radio y ahora novedosos en el cine. Los actores, encabezados por el propio Welles y su amigo Joseph Cotten que en el filme es el mejor amigo de Welles. El guionista, Hermann J. Mankiewicz, también provenía de la radio y era un conocedor del ambiente y la personalidad de Hearst.

La película está inspirada y es casi una copia de la vida de William Randolph Hearst, un hombre que por años ostentaba un enorme poder en los Estados Unidos. Era dueño de una gran cadena de periódicos y estaciones de radio, movía la opinión pública a su antojo. Hearst influyó en la decisión de los Estados Unidos de entrar en la guerra contra España, porque se esperaba de esa guerra un aumento de circulación de sus diarios, de su influencia y poder.

Este amo de los medios abandona su vida familiar y tradicional al enamorarse de una joven ¿actriz? , Marion Davis, cuyo nombre en el filme es el de Susan Alexander. Para complacer a su dama, Hearst creó la Compañía Cosmopolitan Pictures y movió todos sus hilos en sus periódicos para crear una publicidad permanente, que la mencionara sin cesar y alabara todas las películas en las que ella apareciera. Sin embargo, no se tradujo en el éxito esperado.

En el filme el personaje que encarna a Hearst quiere convertir a su amada en cantante de ópera. Después de un sinnúmero de intentos, de profesores, clases, al fin se estrena la Opera. En la presentación, mientras la actriz canta la cámara la encuadra a ella y sube mediante una grúa, recorre los telones del teatro y sigue hasta encontrar dos trabajadores que desde un andamio están viendo la obra, escuchan el canto, se miran, y uno de ellos se tapa la nariz en un gesto que define el fracaso.

Welles nunca admitió haber copiado la vida de Hearst para mostrar a su ciudadano, pero la historia lo hacía demasiado evidente. Entonces el magnate de los medios arremetió contra la película para destruirla a cualquier precio.

El ciudadano Kane incluso antes de su estreno, era demeritado por la prensa, luego pasó de los violentos ataques de la prensa a un silencio en las reseñas y en la publicidad, que laceró considerablemente la taquilla de la película. La furia de Hearst llegó al punto de proponer a Louis B. Mayer, el jefe de la Metro Goldwyn Mayer, pagar no sólo todos los gastos de la película, sino una gran suma como indemnización, si se mostraban dispuestos a entregar el negativo y todas las copias para destruirlos. Es encomiable que la compañía productora no aceptara semejante propuesta y que hubiera decidido a estrenarla a pesar de todo.

Imaginamos el celuloide ardiendo, quemado por Hearst. Hubiera sido un crimen incalculable privarnos de ver a Orson Welles interpretando sus personajes con gran vigor desde que asume el papel de joven que comienza a construir su imperio comprando Periódicos arruinados y quedándose con valiosos periodistas. Su estilo de prensa sensacionalista hace aumentar la circulación de estos diarios.

El testimonio de Jedediah Leland, interpretado por Joseph Cotten, es otro flash back, técnica favorita de Orson Welles. El final del filme es trágico y dramático, es una alusión al sentido del poder que tenía este personaje.

En un enorme local están agrupados objetos de todo tipo, la cámara recorre desde una grúa este inmenso almacén de objetos. Un inventario de todas aquellas cosas que compraba el ciudadano Kane para demostrar su poder y que nunca usó.

En la actualidad Citizen Kane permanece como una obra de arte que espera nuevas lecturas entre cineastas y público, como toda obra maestra que gana interés con el tiempo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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