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lunes, 11 de marzo de 2013

“No”, una película inquietante


Miguel Romero, Viento Sur

Esta es una recomendación urgente, porque me temo que a “No” le queda poco tiempo en cartelera (en Madrid está en un solo cine, los Golem) y, por lo que me cuentan, aún no es posible descargarla. Así que vayan a verla cuanto antes. Además de asistir durante casi dos horas a una buena muestra de cine político popular (el género creado por los grandes maestros italianos en los años 60: Monicelli, Comencini, Risi,…, y del que aquí apenas hay muestras, y no por falta de temas…), saldrán del cine inquietos, con ganas de seguir hablando sobre los conflictos políticos, y de comunicación política, que se plantean en la película, algunos bastante cercanos a problemas centrales que tiene aquí y ahora la izquierda alternativa.

“No” se inicia en los días previos a la convocatoria del referéndum de 1988 en Chile sobre la ratificación del mandato presidencial del dictador Pinochet y termina con la victoria de la oposición, del “No”.

viernes, 10 de octubre de 2008

Tony Manero, el psicópata fetichista


Tony Manero era el protagonista de la película Fiebre de sábado por la noche, que con música de los Bee Gees arrasó en las taquillas de fines de los años 70. Este personaje, interpretado en el filme de John Avildsen por John Travolta, era el empleado anodino de una fábrica que, sin embargo, se transformaba en el rey de las pístas de baile los sábados por la noche, momento en el cual adquiría su verdadera identidad. La fascinación de este personaje logró cautivar a muchos que siguieron su ejemplo y sus movimientos haciendo de la "onda disco" y de las noches de sábado el auténtico sentido de la vida.

Gran parte de esto aparece retratado en la película Tony Manero realizada por Pablo Larraín. Hay que decir, de partida, que Larraín da aquí un salto considerable frente a los ripos de Fuga, su anterior obra, que pecaba de un relato débil y un tratamiento mortífero que diluía los principales objetivos en relación a la creación artística (el protagonista de Fuga es un músico). En esta nueva incursión, Larraín se ve sólido al enfrentar el tema del fetichismo psicópata del personaje, que se enajena en el Tony Manero de Travolta y absorbe y vive cada una de sus acciones.

Por ello Raúl Peralta en verdad no existe. El personaje que construye Alfredo Castro es un psicópata obsesionado con el héroe de las discotecas que en la enferma sociedad chilena de fines de los años 70 es su héroe natural. Peralta/Manero no tendrá límites para alcanzar su objetivo y va al cine una y otra vez a impregnarse de los trazos de su ícono, aprendiendo los diálogos, los movimientos, las acciones. Y empapado asimismo en el contexto demencial de la época (desaparecidos, torturas) nada lo detendrá en aras a alcanzar su objetivo.

Obra fuerte y directa, Tony Manero no da tregua. A la perfecta ambientación de epoca y al recordatorio de programas como El show de la una, este filme tiene momentos perturbadores e inquietantes de gran inspiración, con agudas observaciones sociales que calan hondo en el alma humana.

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