martes, 15 de abril de 2008

ANTES QUE EL DIABLO SEPA QUE ESTÁS MUERTO


Parafraseando un viejo proverbio irlandés (Quédate en el cielo media hora, antes que el diablo sepa que estás muerto), esta es una película que toca la fibra íntima de la sociedad estadounidense actual. Y tenía que ser Sidney Lumet, el octogenario maestro, quien pusiera las cosas en su sitio y narrara descarnada y crudamente la realidad económica, social y moral que hoy vive ese país.

A los 84 años el realizador de Doce hombres en Pugna (1957), Sérpico, Poder que mata, Tarde de Perros, Veredicto y otras tantas obras de notable perfil y dinamismo, se manda una clase de colosal investidura al mostrar el derrumbe del paraíso casi en los mismos términos bíblicos de Caín y Abel, con la envidia, el odio, la incomunicación y la traición como ejes articuladores de una trama vibrante y desgarradora.

Andy (Philip Seymour Hoffman) es un ejecutivo de una inmobiliaria que está agobiado por las deudas, sus adicciones y sus pecados. Su hermano menor, Hank (Ethan Hawke) tiene una situación aún más precaria que ni siquiera le alcanza para la pensión alimenticia de su esposa e hija. Queda muy clara la humillación que le propina su pequeña hija cuando no puede pagar un paseo de estudios. Si la precaria situación financiera de Hank lo comprime en un entorno de inseguridades y miedos al cual busca una salida; la situación de su hermano es aún más patética aunque en apariencias es lo opuesto: seguro ante sí y los otros, confiado, extrovertido, apabullante, porque Andy lleva la miseria por dentro: se ha hecho dependiente de la droga de alto costo, gusta del alto estándar y no tiene miramientos con el prójimo.

A Lumet le bastan muy pocos planos para dar cuenta de los recovecos de la conciencia de estos personajes, del bien y el mal que los acecha, de la culpa, la traición y el castigo que los oprime. Ambos están atrapados y cuando el hermano mayor propone una solución para saldar los males, Hank, si bien tarda en decidirse, se ve obligado a aceptar la idea, que no es ni más ni menos que asaltar la joyería de la familia. El "plan", perfecto como todos los planes en papel, falla por un pequeño error de cálculo y convierte una idea salvadora en la mayor tragedia americana.

Sidney Lumet, experto en asaltos y vericuetos jurídicos, crea una narración absorbente y precisa que nos muestra la historia de este asalto con todos los elementos y miradas. Fragmenta el relato para mostrarlo en diferentes perspectivas haciendo al espectador partícipe de la pugna interna entre el objeto y el sujeto de la acción. Con estas vueltas hacia atrás y hacia delante devela el vacío de vidas aglutinadas en sentimientos erráticos y contradictorios que perfilan el retrato más auténtico de la hasta ayer sociedad de la opulencia. Son seres humanos de carne y hueso los que habitan este infierno de envidias, pasiones y miserias.

El supuesto “plan perfecto”, donde no había espacio para el error o la pérdida, concluye en un fracaso estruendoso que lleva al infierno y no queda piedra sobre piedra. En sus 50 años de vida de cineasta, Sidney Lumet puede ser quizá el último ejemplo viviente de haberse codeado con la primera fila de Hollywood: Henry Fonda, Paul Newman, Al Pacino, Sally Field. Esta vez, junto a Hoffman y Hawk, tiene a Albert Finney (El vestidor) y a Marisa Tomei en un rol que agiganta esta tragedia moderna: es la esposa del hermano mayor, y la amante del hermano menor.

Con este nuevo y gran retrato sobre los recovecos de la conciencia y la personalidad humana, Sidney Lumet se consolida entre los grandes maestros del cine. Antes que el diablo sepa que estás muerto, será, sin duda, una de las grandes obras del año.

1 comentario:

Jose Luis Arredondo dijo...

y creo que junto a tarde de perros y serpico va a constituir por muchos años y quizas definitivamente sus mejores filmes.

jose luis A.

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